Seguro que te has dado cuenta de que cada día al salir a la calle múltiples miradas indiscretas se centran en ti observando cada movimiento de tu cuerpo ante tu presencia. Probablemente te encante mirarte al espejo y tienes la clara sensación de que físicamente no estás nada mal. Sin embargo, y a pesar de todo esto, y de que tus amigas te repiten una y otra vez lo guapa e interesante que eres, tienes muchísimas dificultades para ligar. ¿Por qué será?
Te maquillas con elegancia, te vistes con ropa sexy y sales por los bares y discotecas más de moda de Madrid. Tu objetivo es divertirte con tus amigas, claro, pero a nadie le amarga un dulce, y de cuando en cuando te apetece disfrutar de una noche de pasión con algún chico atractivo. Hoy es esa noche, tienes ganas de acción y estás preparada para buscar al hombre que va a aliviar todos tus males. Estás bailando y localizas a uno que te gusta mucho, con el que intercambias miradas durante largo rato. Es evidente que hay deseo en ambos de acabar la noche juntos y, sin embargo, no se te acerca ni te dice nada. ¿Pero qué demonios está pasando?
La importancia de tomar el control.
Seguro que este es un relato que has vivido en más de una ocasión en tu vida, y aunque no hay una respuesta clara a la pregunta, sí que hay soluciones. La primera pregunta que debería venirte a la cabeza no es el porqué no te ha entrado él, sino por qué no lo hiciste tú. Los roles que tenemos adquiridos en las relaciones de pareja indican que son los hombres los que deben dar el paso, pero siempre es un buen momento para romper con estas rutinas absurdas. ¿Te gusta un chico? Éntrale tú. No tengas miedo, él lo va a agradecer y la velada acabará con un buen revolcón.
Las razones por las que no se te acerca esa persona que te mira con deseo pueden ser varias. La más obvia, que no tiene por qué ser la más usual, es obviamente la timidez. Las personas tímidas tienen el miedo constante a la respuesta de su interlocutor. Es esa incertidumbre la que hace aflorar esos comportamientos tan determinantes, y en el caso de ligar la cosa se complica. El miedo al rechazo es algo que afecta a todas las personas, y en el caso de las personas introvertidas se suma a los problemas de interacción que ya de por sí tienen.
Ser demasiado atractiva impone, eso es un hecho.
Lo que usualmente sucede lo podríamos definir como la paradoja del éxito, que sería el fenómeno que se da cuando algo fracasa, precisamente, porque tiene un triunfo incontrolable. Y eso, en el caso que nos ocupa, se entiende desde el punto de vista de que el ser demasiado guapa puede espantar a los posibles pretendientes. La belleza impresiona, y en un mundo en el que la falta de autoestima es un mal endémico, muchas personas piensan que no son los suficientemente buenos como para intentar lograr algo con una mujer imponente.
Por lo tanto, el problema no eres tú, nunca lo ha sido. Tampoco son ellos, nadie tiene por qué obligar a nadie a hacer nada. No, la cuestión de fondo es que todos aceptamos como un mantra las reglas del flirteo, y esto no siempre funciona. Es hora de que las subviertas y vayas a por lo que realmente quieres, sin esperar a que suceda porque “así es como es”.