Estimulación temprana en niños con autismo

En esta última década, se ha producido un cambio bastante importante en la manera de tratar a los niños con autismo, numerosas pruebas han demostrado que una intervención temprana puede influir significativamente en el crecimiento y desarrollo del niño autista.

Hoy en día sabemos que la educación inclusiva y los apoyos son los principales medios de intervención.

Aunque la detección temprana del autismo es necesaria, en la práctica resulta difícil, y son pocos los niños con sospecha del trastorno autista los derivados a servicios especializados antes de llegar a los 3 años de edad. La edad media de sospecha se sitúa en torno a los 22 meses de edad y se obtiene un primer diagnóstico específico a los casi 52 meses.

La intervención debe empezar lo más temprano posible, una vez confirmada la sospecha de la presencia de un trastorno del espectro autista.

La atención temprana en autismo tiene algunas características diferentes con respecto a otro tipo de intervenciones.

En primer lugar, hay que destacar la situación familiar. En general, las familias de niños con TEA suelen tener mayor confusión, menos asumido el problema, mayores expectativas y mayor necesidad de apoyo emocional; y por otra parte, las características intrínsecas de los niños en edades tempranas (menor nivel comunicativo, rabietas menos llamativas…).

Además como comentábamos anteriormente, la detección en general, no suele realizarse antes de los 18 meses, por tanto, la intervención suele comenzar más tarde que en caso de
otros trastornos.

El programa de intervención debe ir precedido de la evaluación de las capacidades y necesidades del niño y de la familia. Dedicar un tiempo a la evaluación tiene una gran importancia y no significa retrasar el inicio del tratamiento; de hecho, constituye una parte esencial del mismo. La evaluación permite determinar el perfil de funcionamiento y elaborar un plan de apoyo individualizado, donde se recoge, entre otros aspectos, el nivel o la intensidad de los apoyos necesarios. La intervención ha de centrarse en el niño, la familia y el entorno.

En cuanto al niño, desde edades tempranas la intervención en el área social debe orientarse a promover su autonomía y al establecimiento de relaciones sociales significativas con adultos
y con iguales.Objetivos importantes para fomentar las capacidades sociales son la mirada referencial, la imitación de acciones significativas, la atención conjunta, el juego, la coordinación emocional…

Promover y desarrollar una comunicación funcional son también objetivos prioritarios en la intervención con alumnos con TEA. Para ello, en muchos casos, se incide en el uso de sistemas aumentativos y alternativos de comunicación.

En cuanto a la familia, es fundamental que de manera conjunta – padres y profesionales puedan abordar el desarrollo en aspectos tan esenciales como la interacción y la comunicación.También hay que adaptar el entorno natural en el que se desarrolla el niño, de forma que sea predecible. Una vez que el entorno se adecua a sus necesidades, resulta más sencillo intervenir.En entornos con apoyos, son capaces de aprender mucho.

El programa de enseñanza debe ser estructurado, debe explicitar a priori los objetivos y las actividades diseñadas para conseguirlos. Sólo un programa estructurado permite una evaluación fiable de los objetivos alcanzados.Además la atención debe ser intensiva y extensiva a todos los contextos de la persona y coordinada entre todos los agentes implicados.

Los principios generales de intervención en la atención a niños con autismo en edades tempranas son los siguientes:

  • Apoyar, explicar, informar y formar a la familia
  • Individualización de los objetivos y estrategias terapéuticas.
  • Énfasis en el desarrollo socio-comunicativo: Desde edades tempranas la intervención en el área social debe orientarse al establecimiento de relaciones significativas con adultos y con iguales. Y para lograrlo hay que enseñar habilidades sociales no sólo al niño con TEA, sino también a los compañeros.

Objetivos de enseñanza/aprendizaje importantes para fomentar las capacidades sociales son la mirada referencial, la imitación de acciones significativas, la atención conjunta, el juego, la coordinación emocional, toma de turnos, etc. En cuanto a los objetivos de intervención para facilitar la comunicación se incide en desarrollar herramientas comunicativas, ampliar el repertorio de funciones o aumentar su reciprocidad.

  • Reducir problemas de conducta intentando sustituirlos por formas adecuadas de comunicación y control del entorno. La clave para hacer frente al comportamiento problemá-tico no es centrarse en éste, por difícil que pueda parecernos, sino ver, sobre todo, la razón por la cual éste se manifiesta y enseñar el comportamiento adecuado de un modo activo y no reactivo, de una forma positiva. Siempre existe una razón para el comportamiento problemático, sólo que esta razón puede ser idiosincrásica.
  • Cuidadosa adaptación al nivel real en las distintas áreas.
  • No obsesionarse con la intensidad de la intervención.
  • Formar a las personas implicadas en la intervención y adaptar los entornos en los que se desenvuelve el niño para promover el desarrollo de todas sus capacidades.
  • Intentar convertirnos en personas de referencia y significativas para el niño.
  • Esforzarnos por comprender y mantener una actitud de reflexión constante.
  • Dar oportunidades para la implicación activa del niño.
  • Partir siempre de sus posibilidades y capacidades, avanzar en la “zona de desarrollo próximo” (Vigotsky) y aprovechar sus “puntos fuertes”.
  • Tener en cuenta el desarrollo normal y el principio de funcionalidad.
  • Diseñar un entorno cálido, positivo y empático.
  • Partir de sus interese y preferencias.
  • La intervención debe producirse en contextos naturales.

El programa de enseñanza debe ser estructurado, debe explicitar a priori los objetivos y las actividades diseñadas para conseguirlos. Sólo un programa estructurado permite una evaluación fiable de los objetivos alcanzados.Además la atención debe ser intensiva y extensiva a todos los contextos de la persona y coordinada entre todos los agentes implicados.

Los principios generales de intervención en la atención a niños con autismo en edades tempranas son los siguientes:

  • Apoyar, explicar, informar y formar a la familia
  • Individualización de los objetivos y estrategias terapéuticas.
  • Énfasis en el desarrollo socio-comunicativo: Desde edades tempranas la intervención en el área social debe orientarse al establecimiento de relaciones significativas con adultos y con iguales. Y para lograrlo hay que enseñar habilidades sociales no sólo al niño con TEA,

sino también a los compañeros. Objetivos de enseñanza/aprendizaje importantes para fomentar las capacidades sociales son la mirada referencial, la imitación de acciones
significativas, la atención conjunta, el juego, la coordinación emocional,
toma de turnos, etc. En cuanto a los objetivos de intervención para facilitar la comunicación se incide en desarrollar herramientas comunicativas, ampliar el repertorio de funciones o aumentar su reciprocidad.

  • Reducir problemas de conducta intentando sustituirlos por formas adecuadas de comunicación y control del entorno. La clave para hacer frente al comportamiento problemá-

tico no es centrarse en éste, por difícil que pueda parecernos, sino ver, sobre todo, la razón por la cual éste se manifiesta y enseñar el comportamiento adecuado de un modo activo y no reactivo, de una forma positiva. Siempre existe una razón para el comportamiento problemático, sólo que esta razón puede ser idiosincrásica.

  • Cuidadosa adaptación al nivel real en las distintas áreas.
  • No obsesionarse con la intensidad de la intervención.
  • Formar a las personas implicadas en la intervención y adaptar los entornos en los que se desenvuelve el niño para promover el desarrollo de todas sus capacidades.
  • Intentar convertirnos en personas de referencia y significativas para el niño.
  • Esforzarnos por comprender y mantener una actitud de reflexión constante.
  • Dar oportunidades para la implicación activa del niño.
  • Partir siempre de sus posibilidades y capacidades, avanzar en la “zona de desarrollo próximo” (Vigotsky) y aprovechar sus “puntos fuertes”.
  • Tener en cuenta el desarrollo normal y el principio de funcionalidad.
  • Diseñar un entorno cálido, positivo y empático.
  • Partir de sus interese y preferencias.
  • La intervención debe producirse en contextos naturales.Página 68
  • Promover la autonomía e independencia del niño.
  • Utilizar la enseñanza estructurada en un entorno comprensible y predecible. (Schopler, Mesibov y Hearsey, 1995).
  • Secuenciar objetivos y alternar actividades en orden creciente de dificultad y preferencia del niño.
  • Utilizar apoyos visuales. Se utilizan para desarrollar la capacidad representacional, estructurar el espacio y el tiempo, organizar el trabajo, como sistema alternativo de comunicación, promover la autonomía social, desarrollar su memoria autobiográfica, desarrollar habilidades de teoría de la mente, etc.
  • Utilizar ayuda física más que instrucciones verbales o modelado.
  • Utilizar aprendizaje sin error pero promover poco a poco su tolerancia al mismo y la búsqueda de alternativas.
  •  Generalizar las habilidades adquiridas a todos los contextos del niño.
  • Potenciar los juegos y actividades lúdicas.
  • La intervención debe contemplar la enseñanza de contenidos centrados en los aspectos nucleares del autismo: competencias sociales, comunicativas, adaptativas y de juego.
  • Atribuir de manera permanente, estructurada y previamente planificada intencionalidad a las acciones del niño (Tamarit y Gortazar, 1988).
  • Utilizar la imitación de las acciones y vocalizaciones del niño (Dawson y Gallpert, 1990).
  • Mejorar su comprensión social.
  • Diseñar un entorno que provoque la comunicación funcional y espontánea. Para ello se puede utilizar el Programa de Comunicación Total de Benson Schaeffer y los procedimientos de enseñanza natural del lenguaje (incitación y modelado, enseñanza incidental, espera estructurada, ruptura de rutinas, etc.)
  • Adaptar nuestro lenguaje, ajustándonos al nivel de comprensión del niño, asegurar su atención, emplear repeticiones, componer y descomponer estructuras, ofrecer modelos
  • expandidos y reforzarlo con gestos signos, fotos, etc.
  • Utilizar sistemas alternativos de comunicación con niños de 2-3 años que no estén desarrollando lenguaje (Prinzant y Wetherby, 1993)
  • Intentar modificar sus estereotipias, rituales y rutinas y aumentar y flexibilizar
  • progresivamente su repertorio de actividades e intereses.
  • Usar métodos conductuales positivos, imaginativos y comprensivos para intervenir ante las “conductas desafiantes del niño”.

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